Personal Bio

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Personal Biography

Alianza LimaAmong my passions, soccer stands out. I played (slowly) in high school and went to many games when spending a year as an exchange student in Tucumán, Argentina.  On my third day in Lima, in my college year abroad, I saw Alianza Lima in the glorious Matute.  I’ve been hooked every since and have suffered and even enjoyed maybe 100 games there over the years.  I also follow my son’s club team, Davis Legacy, and watch Barcelona when I can, rooted for Betis when living in Seville, and believe that I’ll live to see Peru return to the World Cup.  I follow the A’s and the Raiders and now, thanks to my wonderful daughter, the Oregon Ducks.

edington_hiI started road biking about four years ago and get on the bike about four days a week. I love my Kirk and hope to have a DeSalvo soon. My pelotón keeps me happy and sane, and Steady Eddy’s coffee shop in Winters, CA has become almost a second home. I’m one of the legion of Scandinavian detective literature fans, and I try to convince everyone that Henning Mankell is a great writer.

One of my strongest ties to Peru is through food. When my beloved father-in-law, Eduardo Mendoza Meléndez (1911-2013) saw me the first time in the kitchen in Magdalena in 1983, he exclaimed, “el gordito debe comer bien.” From that time on, he ordered that I be well-served. When I think of loved ones/experiences, food is always front and center. My mother-in-law Zoila preparing pachamanca in Concepción; a long conversation over pizza and beer with Iván, so intense that we forgot to pay for the beer and the mozo found us walking away slowly; ceviches with Carlos before or after “hunting trips” for used books in downtown Lima; Aldo taking me to the new hotspot or a delicious hole in the wall; tarwi and other delicacies with Ricardo and Carmen in San Jerónimo (Cusco); deserts in the Varayok with Thomas. The list goes on.

food_smI remember the bad old days when nice restaurants in both Cusco and Lima usually didn’t serve Peruvian food—they figured gringos and affluent Peruvians wanted steak and chicken rather than lomo saltado or papa rellena. On the other hand, while I appreciate the current Peruvian food boom, the racialized transition from cocineras (Afro-Peruvians) to chefs (mostly white men) is disturbing, and paying $25 for a plate of quinoa is silly. What never changes is that my schedule or agenda in Peru, when living or visiting there, centers on food with friends and family. I organize my days around causa, locro, and pastelitos rather than meetings and libraries. I will have lots more to say about Peruvian food and society over in the blog.

Through UC Davis Study Abroad, I have had the great fortune of taking university students to Cusco for a month in the summer for a course titled History of the Andean Region. In 2013, I took my tenth group of students. It’s a wonderful experience for them and me (and recently a series of great onsite coordinators, Elizabeth, Pablo, Steve, José, and Mark). Among many activities, we spend three days in Machu Picchu, hike Maras and Moray, and enjoy cuy (guinea pig) and rocoto relleno (hot, spicy stuffed peppers). I keep in touch with many former students and always want to hear from more. I count on a great travel agent (Guillermo Cuba) and Machu Picchu’s best guide (Wagner Casós).

My daughter is a fashionista and junior at the Clark Honors College at the University of Oregon. My son is a sophomore in high school, a speedy soccer player in a basketball player’s body. My wife, Zoila Mendoza, is an anthropologist whose books, videos, mastery of Quechua, and forthcoming documentary both shame me and make me very proud.

Our dogs, Chumpi and Abby, run our lives.

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Biografía Personal

Entre las cosas que me apasionan, el futbol es acaso la más importante. Solía jugar algo de fútbol en la secundaria y asistí a muchos partidos cuando pasé un año como estudiante de intercambio en Tucumán, Argentina. En mi tercer día en Lima, como parte de un intercambio universitario, vi jugar a Alianza Lima en el glorioso estadio de Matute. Desde entonces he estado vinculado al club y he sufrido tanto como disfrutado aproximadamente cien partidos en estos años. También sigo al equipo de mi hijo Sammy, el Davis Legacy, y veo los partidos del Barza cada vez que puedo. He sido hincha del Betis cuando residí en Sevilla y creo que viviré lo suficiente para ver a la selección peruana jugar en un Mundial. También fan de los Oakland A’s, de los Raiders y, gracias a mi increíble hija, de los Oregon Ducks.

Comencé a hacer ciclismo en ruta hace cuatro años y actualmente lo practico alrededor de cuatro veces a la semana. Tengo una bici Kirk y espero tener pronto una DeSalvo. Mi grupo de ciclismo me mantiene contento y sano, y Steady Eddys, un café en Winters, California, se ha convertido en nuestro segundo hogar. Me declaro miembro de la legión de fans de la literatura escandinava de detectives y cada vez que puedo trato de convencer a los demás de que Henning Makell es un gran escritor.

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Uno de los vínculos más fuertes que tengo con Perú es su comida. Cuando mi querido suegro, don Eduardo Mendoza Meléndez (1911-2013) me vio por primera vez en la cocina de su casa en Magdalena (Lima) en 1983, dijo: “El gordito debe comer bien”. Desde entonces, siempre pedía que me sirvieran bien al momento de sentarnos a la mesa. Cada vez que pienso en algún momento agradable del pasado, la comida siempre ocupa un lugar principal: doña Zoila, mi suegra, preparando pachamanca en Concepción; una larga conversación con pizza y cerveza con Iván, tan intensa que olvidamos pagar las cervezas y el mozo nos alcanzó mientras caminábamos lentamente en la calle; ceviches con Carlos antes y después de nuestras “cacerías” de libros usados en el centro de Lima; Aldo llevándome a algún lugar nuevo o a un delicioso “huarique”; tarwi y otras delicias con Ricardo y Carmen en San Jerónimo (Cusco); postres en el Varayok con Thomas. Y la lista podría seguir…

Todavía recuerdo los días en que los restaurantes elegantes de Cusco y Lima no acostumbraban ofrecer platos peruanos, ya que pensaban que los gringos y la clase pudiente local preferiría bisteck y pollo antes que lomo saltado o papa rellena. De otro lado, si bien aprecio el actual boom gastronómico, no deja de incomodarme la transición racial de cocineras afro-peruanas a chefs mayormente blancos. Pagar, además, US$ 25 por un plato de quinua es absurdo. Lo que nunca cambia cuando vivo o estoy de visita en Perú es que mi agenda se organiza en torno a comidas con la familia y los amigos. Organizo mis días alrededor de una causa, un locro y pastelitos antes que de reuniones y bibliotecas. Hay mucho más que decir sobre la comida peruana y la sociedad, y lo iré haciendo en el blog.

ChuckWalker_MarkDriesEl programa de Study Abroad de UC Davis me ha permitido llevar a estudiantes de California al Cusco por un mes para un curso sobre Historia de la Región Andina. En 2013 llevé a mi décimo grupo de estudiantes. Fue una experiencia inolvidable tanto para ellos como para mí, y más recientemente, para un grupo de coordinadores que me acompañaron: Pablo, Steve, Elizabeth, José y Mark. Entre las muchas actividades que incluye el programa, pasamos tres días en Machu Picchu, visitamos Maras y Moray, y disfrutamos del cuy y el rocoto relleno. Siempre estoy en contacto con varios ex-alumnos que desean escuchar más. Tengo la suerte de contar con un gran agente de viajes (Guillermo “Memo” Cuba) y el mejor guía de Machu Picchu (Wagner Casós).

Mi hija María es una fanática de la moda y estudia en el Clark Honors College de la Universidad de Oregon.  Mi hijo estudia en la secundaria y es un veloz jugador de fútbol atrapado en un cuerpo de basquetbolista. Mi esposa, Zoila Mendoza, es antropóloga, cuyos libros, videos, dominio del quechua y su próximo documental me hacen sentir muy orgulloso. Nuestros perros, Chumpi y Abby, deciden nuestras vidas.

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