Buscando un traductor: las satisfacciones y los desafíos de traducir a Alberto Flores Galindo

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Hace aproximadamente diez años, Carlos Aguirre (University of Oregon) y yo aceptamos de manera entusiasta una oferta de Stuart Schwartz para traducir al inglés el libro clásico de Alberto Flores Galindo, Buscando un Inca. Identidad y utopía en los Andes, para Cambridge University Press. Ambos conocíamos bien tanto al libro como al autor y Carlos y yo habíamos trabajado juntos antes. Pensamos que podríamos traducir y editar el libro en nuestro tiempo libre, entre el dictado de clases, la investigación y otros proyectos. Ambos teníamos experiencia traduciendo textos cortos y habíamos hecho traducciones simultáneas.

Tal como lo sospechábamos, el trabajo terminó siendo más prolongado de lo que inicialmente habíamos estimado. Traducir requiere gran concentración y paciencia. No es el tipo de trabajo que puedes realizar a altas horas de la noche o en pausas entre clases y horas de oficina. Así que luego de años de lentos avances incluimos a Willie Hiatt, en ese entonces estudiante de doctorado de la Universidad de California, Davis. Willie cumplía con los requisitos deseados: era bilingüe, conocía Perú y tenía un formidable talento escribiendo y editando. Con Willie nos dividimos la traducción mientras Carlos y yo trabajamos en la edición del texto y la Introducción, aun cuando sobre él recaía gran parte del trabajo. El libro apareció publicado en 2010. [1]

La traducción fue un proyecto personal para Carlos y para mí. Ambos conocimos a Alberto Flores Galindo y nos beneficiamos de su apoyo y guía. Yo conocí a Flores Galindo en Lima en 1982 justo después de haber concluido una maestría en Estudios Latinoamericanos. A él le intrigaba un curso que yo había tomado con Richard Morse sobre historia urbana así como mi interés en José Carlos Mariátegui. Me brindó mucho de su tiempo, más del que yo merecía, y me motivó a pasar más tiempo en los archivos y a vivir fuera de Lima. Luego me animó a postular al doctorado en la Universidad de Chicago porque admiraba a Friedrich Katz y a John Coatsworth, aunque por lo general no le agradaba la academia norteamericana. Flores Galindo también ayudó a Carlos Aguirre cuando dejó la carrera de Ingeniería por Historia. Curiosamente, “Tito”, como todos lo conocían, fue el primero que me mencionó los agudos artículos de Carlos sobre historia urbana publicados en un periódico limeño, lo cual dio inicio a nuestra larga amistad. [2]

Ambos admirábamos profundamente a Flores Galindo. Carlos lo considera como “el último intelectual público” de Perú. Su compromiso y presencia en los círculos políticos e intelectuales era impresionante. [3] Además de su trabajo sobre la “utopia andina”, Flores Galindo escribió y compiló importantes obras sobre Túpac Amaru II, José Carlos Mariátegui, la Lima del siglo XVIII, Arequipa, los trabajadores de las minas, y otros temas antes de morir de cáncer a los 40 años. La agonía de Mariátegui, sobre la búsqueda por parte de Mariátegui de un socialismo con raíces peruanas y sus enfrentamientos con la Comintern, y Aristocracia y plebe, sobre la Lima del siglo XVIII, merecen estar traducidos a otros idiomas. De hecho, los académicos siguen debatiendo sobre cuál es su mejor libro. [4] También asesoró estudiantes, dio innumerables charlas, se vinculó a debates politicos e intelectuales en la entonces floreciente prensa limeña de izquierda, editó revistas y contribuyó a crear un centro colectivo intelectual: SUR. Socialismo, utopía, y revolución. Esta productividad es aún más sorprendente por el hecho de que nunca perdió la profunda humanidad que lo caracterizaba, o su habilidad para ser empático con los demás, así como reír o incluso mostrarse en desacuerdo.

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Edición en inglés de “Buscando un Inca” como “In Search of an Inca” (2010)

Junto a nuestra profunda admiración por el ser humano, Carlos y yo también estábamos motivados por el hecho que muy poca producción académica había sido traducida al inglés. Pensé mucho sobre esto. ¿Cómo se explica que libros escritos en inglés sobre historia latinoamericana sean traducidos con más frecuencia que los escritos en español al inglés? No creo que alguien pueda decir que se trata de la superioridad de Estados Unidos y de las publicaciones en inglés. Muchas monografías sobre Perú publicadas en inglés son traducidas en Lima (o en Cusco y otras regiones, aunque en menor medida). Yo aplaudo esto y me esfuerzo por hacer que mis trabajos sean publicados en Perú, pero también me pregunto por la igualdad. Muchas editoriales en Perú suelen solicitar un subsidio que la mayor parte de académicos que trabajan en Estados Unidos están en condición de cubrir. Me preocupa que estos libros tengan una mayor preferencia que aquellos escritos por académicos peruanos que no pueden obtener un subsidio similar para publicar sus libros. Para decirlo de otra manera, es fácil para los profesores universitarios en Estados Unidos conseguir algunos miles de dólares para publicar un libro, permitiendo así que su trabajo se difunda y avanzar profesionalmente en sus carreras. Ello indica un desbalance: ¿por qué hay más investigaciones sobre historia peruana (no puedo hablar por las tendencias a nivel de América Latina) traducidos del inglés al español que del español al inglés?

Una respuesta es que los latinoamericanistas en los Estados Unidos leen en español. Así, la demanda por una traducción no es tan alta. No obstante, tengo cada vez más dudas sobre ello. Los historiadores que trabajan sobre América española en los Estados Unidos y Gran Bretaña suelen hablar español y preferirán leer un texto en el idioma original. Sin embargo, es difícil acceder a libros publicados en América del Sur. Aunque esto puede cambiar en el futuro, usar libros importados en clase es casi imposible. Así que hay que proceder a fotocopiarlos. Cuando se trata de escoger entre la facilidad de pedir libros de las librerías o complicarnos fotocopiándolos, muchos elegimos la primera opción.

Puede que sea una cuestión de preferencia o adaptación al salón de clases. Los estudiantes quieren libros relativamente cortos (250 páginas o menos) con introducciones escritas de forma clara, conclusiones y vínculos entre cada capítulo. Los alumnos también se quejan de los libros que tienen mucho contexto, cuando el autor debe desarrollar y explicar términos como “Ilustración”, “Revolución científica” o incluso “Segunda Guerra Mundial”. La producción académica latinoamericana (y europea) no sigue necesariamente este patrón. Las editoriales en Estados Unidos buscan desesperadamente libros que puedan ser a la vez leídos por especialistas como usados en el salón de clases. Los editores ven con mala cara propuestas de libros que aun cuando llegasen a ser de lectura obligatoria para los especialistas, no alcancen a interesar a nadie más que a ellos; las editoriales buscan llegar a los consumidores reales, los estudiantes. Con esto no quiero insinuar que los latinoamericanos no escriben libros que sean amigables para un salón de clases. Pero sí creo que hay libros clásicos en español y portugués que no funcionan bien para alumnos de pre-grado y que los profesores prefieren ir a lo seguro solicitando ejemplares que se encuentren disponibles y a bajo precio en inglés. Pienso además que hay muchos libros latinoamericanos que funcionarían bastante bien de estar traducidos.

La traducción al inglés obviamente amplía el número de lectores. Un trabajo como Buscando un Inca debía despertar el interés de los académicos de Estudios Culturales y Estudios Subalternos y del creciente número de académicos que trabajan en temas de Memoria. Mientras colaboraba con el activo grupo de Latin@American Cultural Studies de UC Davis, me sorprendió que los textos “canónicos” eran leídos en inglés. Todos en el grupo conocían bastante bien el trabajo de diversos académicos como Ángel Rama y Néstor García Canclini. Ambos tenían trabajos fundamentales traducidos al inglés. [5] Puede que los autores importantes sí sean traducidos. Cada vez más creo que los autores cuyos trabajos son traducidos se convierten en autores clave. En otras palabras, traducir incrementa el número de lectores de dos formas. Primero, permite a los lectores que no leen español disfrutar la obra. Segundo, hace más conocido al autor (y quizás más fácil de entender) entre quienes sí leen español pero que no han leído, o no leerán, el original. ¿Por qué no? Nuevamente, son varias las razones, principalmente el acceso al libro y los desafíos propios del español. Pienso que los estudiantes de doctorado y los profesores suelen dirigirse a los libros más recientes y llamativos publicados en Estados Unidos mientras que aquellos más antiguos yoprovenientes de América Latina permanecen al final de su lista. [6]

Es evidente que una traducción confirma el estatus del autor e incrementa su visibilidad, una realidad que subraya la necesidad por traducir más autores latinoamericanos. [7] Me gustaría tener algo de Jorge Basadre disponible en inglés, por dar un ejemplo peruano, y me incomoda que solo uno de los libros de Tulio Halperin Donghi esté en inglés. [8] En líneas generales, las estadísticas de trabajos traducidos al ingles son deprimentes. En su libro Why Translation Matters, Edith Grossman señala que en Gran Bretaña y Estados Unidos solo dos o tres por ciento de los libros publicados son traducciones literarias mientras que la cifra se incrementa entre veinte y cinco a cuarenta por ciento en América Latina y Europa. Ella cita a Andre Dubus III en otra estadística: “La mitad de los libros traducidos y publicados a nivel mundial provienen del inglés mientras que solo el seis por ciento se traducen al inglés”. [9] Aunque ella está hablando sobre literatura, y este ensayo es sobre historia, la lógica y la deprimente realidad parecen similares. Este es un debate de más largo alcance pero yo estaría complacido si Alberto Flores Galindo gozara de una audiencia mayor con la aparición de su libro en inglés.

Buscando un Inca se diferencia en varios aspectos de los libros que se publican en Estados Unidos. Es un libro apasionado que narra la búsqueda personal de Flores Galindo por entender “lo andino” en el Perú, el pasado y el presente, y el rol que los Incas han jugado en diversos movimientos políticos a lo largo de los siglos. Su búsqueda por nuevos modelos de socialismo aparece en el libro. Se mueve hacia atrás y adelante entre la primera persona (singular y plural) y la tercera persona, y hace visible su visión a mitad del capítulo y ataca a algún enemigo aquí y allá. Esta subjetividad, una inusual y fuerte presencia como autor que contrasta con muchas de las publicaciones en Estados Unidos, no era algio que nos complicara; de hecho, es una de las razones por las que el libro es importante y cautivante al mismo tiempo.

Su estilo de escritura también difería de muchos libros académicos. Flores Galindo era un escritor maravilloso, con metáforas increíbles y una prosa muy clara. Se hizo a sí mismo en la mejor tradición ensayística, sin despreciar investigación seria y trabajo de archivo. Su preferencia por las oraciones cortas y sin verbo así como con las preguntas retóricas no siempre hizo fácil la labor de traducción. En varias oportunidades tuvimos que cambiar el orden de las frases o combinamos dos o tres oraciones cortas en una más larga. A fin de cuentas, creo que hicimos nuestro mejor esfuerzo cuando modificamos oraciones o utilizamos verbos más directos. Edith Grossman enfatiza el rol activo que los traductores juegan en el proceso, ya que no son técnicos silenciosos que convierten un lenguaje en otro. Ella señala que la división entre traductores “originalistas” y “activistas” es artificial y que todos los traductores crean de manera activa algo distinto del original. [10]

Una de las ediciones más recientes de "Buscando un Inca" (Lima, 2010)

Una de las ediciones más recientes de “Buscando un Inca” (Lima, 2010)

Fuimos muy cuidadosos al buscar que el libro sea más claro para los no especialistas. Flores Galindo escribía para una audiencia peruana por lo que tuvimos que incluir notas aclaratorias en los pies de página y añadir detalle en el texto cuando se refería a algún oscuro aspecto de la Conquista o detalles muy puntuales sobre Sendero Luminoso y la guerra sucia. Nuestra familiaridad con Perú nos ayudó a entender y apreciar el texto, pero tuvimos que ser particularmente cautos acerca de cosas que podríamos dar por sentadas. Sabemos qué es un ayllu o quién era Belaúnde, pero no todos los lectores sabían esto. A mí como lector me desagrada cuando un autor asume que estoy familiarizado con un evento o un fenómeno. Puede ser ofensivo y llegar a ser pedante. Intentamos evitar esto pero sin llegar a ser muy intervencionistas. Nos percatamos que las recomendaciones para esta tarea seguían las mismas de la buena escritura: incluir lo que fuese necesaria para el lector pero hacer que el texto sea lo más directo y claro como fuese posible. A nadie le gusta ver una docena de notas al pie o de comentarios entre paréntesis.

El entrenamiento de Flores Galindo en Francia influyó en su prosa, al igual que su amor por la literatura. Hubo quienes nos advirtieron que los escritores talentosos son más difíciles de traducir que los densos y altamente organizados escritores de las ciencias sociales. Tenían razón. Por momentos, el autor no termina de fortalecer algunas de sus afirmaciones y es cierto que algunas secciones parecen haber sido escritas con cierto apuro. Ello refleja una vida muy productiva, ocupada y corta. Como ya lo mencioné, él era un intelectual público que daba conferencias, escribía en innumerables periódicos y revistas, asesoraba estudiantes, editaba revistas como Allpanchis y Revista Andina y dirigía Casa SUR. Aun así, llegó a publicar media docena de libros.

Buscando un Inca no siempre es el trabajo consistente o estandarizado que las editoriales universitarias suelen producir en Estados Unidos de manera incesante. Los capítulos varían en extensión y estilo (algunos dirían también en calidad, pero esto último es discutible) y son por ello “desiguales”. Si bien nunca perdió de vista la “utopía andina”, abordó una cantidad impresionante de temas que abarcan desde el siglo XV al XX. [11] Sin embargo, su erudición, creatividad, pasión y fina prosa garantizaron la calidad y relevancia del libro.

El libro es producto de su época. Flores Galindo escribió en los años 1980, un periodo muy desconcertante para los progresistas peruanos. Por un lado, el país tenía una izquierda bastante amplia y heterogénea que había sorprendido a muchos con su triunfo electoral (la elección de Alfonso Barrantes como alcalde de Lima en 1983) y su presencia entre círculos intelectuales. Pero se avecinaban tiempos difíciles. Sendero Luminoso apareció de la nada en 1980. Su campaña tuvo como objetivo las ONGs, los sindicatos y los líderes locales mientras despertó a la aparentemente dormida derecha peruana. Simultáneamente, el ascenso del neoliberalismo desafió los postulados de la izquierda. En Buscando un Inca así como en otros escritos, Flores Galindo confrontó los intrusos de la izquierda maoísta y la derecha. El décimo capítulo, “La guerra silenciosa”, escrito en medio de las siniestras campañas de Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas, es un brillante antecedente del trabajo que posteriormente realizarían académicos y activistas, y que se sintetizaría en la Comisión de la Verdad y Reconciliación. [12] Para los conservadores las denuncias de violencia colectiva por las Fuerzas Armadas en Ayacucho equivalían a apoyar a Sendero Luminoso, algo absurdo dada la crítica abierta a este grupo subversivo. Su entendimiento y denuncia de la violencia a inicios y a mediados de los años 1980, incluyendo su deconstrucción del término “terrorista”, se volvieron proféticos. Su rechazo al autoritarismo lo llevó una y otra vez hacia Mariátegui, el marxista heterodoxo que en la década de 1920, como el mismo Flores Galindo, murió de manera trágica y sorprendente a temprana edad.

El libro también captura el boom de la historiografía peruana en los años 1970 y 1980, particularmente el giro hacia la historia regional y subalterna. [13] Flores Galindo fue una figura clave en la explosión de estudios sobre áreas de las cuales se conocía poco así como de las clases populares. Él escribió libros sobre Arequipa, Cerro de Pasco y la plebe de Lima. También asesoró o colaboró con otros historiadores y sociólogos que trabajaban en este campo. En Buscando un Inca, Flores Galindo sintetiza mucho de este trabajo colectivo y lo utiliza para plantear preguntas más amplias sobre utopías y movimientos políticos disidentes e intelectuales. Su gran conocimiento de la historiografía francesa y de los historiadores marxistas sociales británicos como Edward P. Thompson y Eric Hobsbawm le ayudaron a elevar el nivel teórico de su investigación. Este es otro aspecto clave de su obra: su habilidad, casi una obligación auto-impuesta, de vincular los debates peruanos con una variedad de escuelas de pensamiento.

El trabajo de traducción demostró ser más desafiante y enriquecedor de lo esperado. Esta afirmación puede que no sorprenda a muchos traductores. Con Carlos y Willie discutíamos largamente sobre oraciones y palabras. Por ejemplo, “pueblos andinos”. ¿Debíamos traducirlo como “people” o “peoples”? El plural quizás sea lo más adecuado ya que indica la heterogeneidad del mundo andino. No obstante, no suena bien en inglés por lo que nos quedamos con el singular. “Imaginario” era un término preferido por Flores Galindo, reflejo de su formación en Francia. Luchamos con el término y tuvimos que explicarlo la primera vez que apareció en el texto como “imaginary”. También debatimos sobre el uso de la voz pasiva. Willie y yo estamos entrenados en evitarla a toda costa, especialmente en oraciones que precedían a otras más extensas. La voz pasiva oculta al autor de una acción determinada, lo cual puede ser útil en un libro sobre mentalidades colectivas que se desarrollaron en varios siglos. En la larga historia de la utopía andina, no todas las decisiones eran llevadas a cabo de manera consciente y no todo movimiento social tenía líderes y seguidores visibles. Carlos Aguirre, cuya lengua materna es el español, se inclinaba a mantener la voz pasiva.

Traducir implica una rica inmersión en el lenguaje y las ideas. Es muy común que entre los escritores tomemos decisiones apresuradas sobre palabras y la elección de las mismas, conjugaciones, tonalidad, variaciones de un significado a otro, así como en otros acertijos lingüísticos con el fin de cerrar un texto y seguir adelante. La traducción, al igual que la poesía, obliga a uno a pensar en las palabras, su relación con las que se encuentran alrededor, así como en las variedades y riquezas de significados. De igual modo tenemos que detenernos a pensar en la cadencia del párrafo. ¿La partición que hicimos de una oración extensa en otras más pequeñas rompe el agradable ritmo que Flores Galindo supo imprimir a sus escritos, la forma en que las agrupó o las acortó, las oraciones enunciativas, las preguntas retóricas, las oraciones extensas? Pese a que los expertos en eficiencia y manejo del tiempo podría desaprobar nuestra forma de proceder, los emails que intercambiamos sobre cómo traducir términos como “lo imaginario” o si mantener o no la primera persona demostraron ser fantásticos ejercicios intelectuales. Al traducir, solía pensar en determinadas frases después de haber apagado la computadora, y las ideas llegaban incluso en momentos de los más extraños. Recuerdo haber estado viendo una película cuando de repente me di cuenta de cómo podía mejorar una oración particularmente complicada. Esta es la frustración y satisfacción que se encuentra inherente en la escritura. En términos colectivos, fue agradable y productivo ventilar todas nuestras dudas vía teléfono o email. Me encantaba observar cómo Willie mejoraba mi prosa en inglés o de aprender de Carlos sobre los matices provenientes del texto original. Invertimos mucho tiempo en la tarea pero fue enriquecedor, tanto en términos del producto final como de nuestros propios intereses intelectuales.

He señalado que Buscando un Inca es un producto de su tiempo, en cierta forma. En su rol de intelectual público, Flores Galindo estuvo comprometido en los debates importantes de su época: el papel de la nueva izquierda en la democracia de los años 1980, el surgimiento de Sendero Luminoso, la migración andina a Lima (“el desborde popular”), etc. Él percibía su obra vinculada indefectiblemente con la “actualidad” (un término en español que no tiene una traducción inmediata en inglés). Las polémicas y debates que tuvieron lugar en Perú influyeron en muchos de los capítulos, especialmente en los últimos. Sin embargo, estos no opacan su búsqueda más amplia por comprender cómo diferentes grupos, desde el siglo XVI al XX, han entendido a los Incas y los han incorporado en sus ideologías o plataformas. La traducción de Buscando un Inca me llevó a darme cuenta de lo que define a un clásico: un libro que se vincula a los debates y exploraciones de su tiempo pero que también aborda temas universales de un modo brillante y original. Si hemos hecho un buen trabajo, los lectores podrán capturar la increíble inteligencia y cautivante búsqueda de Flores Galindo.

* El ensayo original apareció en inglés como: Buscando un traductor: The Joys and Challenges of Translating Alberto Flores Galindo. Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, vol. 21, n. 1 (2010-11).

In Search of an Inca. Identity and Utopia in the Andes se encuentra disponible en Amazon.com

Notas

Las notas que vienen a continuación han sido revisadas de la versión original. Cuando alguna referencia bibliográfica, originalmente citada en inglés, tiene una versión en español, ha sido cambiada a esta última. De igual modo, se han añadido anotaciones cuando estas referencias se encuentran disponibles en la web, para indicar que se pueden consultar libremente ya sea en [PDF], [Google Books] o [Scribd].

[1] Alberto Flores Galindo, In Search of an Inca: Identity and Utopia in the Andes. Editado por Carlos Aguirre y Charles Walker; traducido por Willie Hiatt y Charles Walker (Cambridge: Cambridge University Press, 2010) [Google Books]. La primera edición de Buscando un Inca apareció por el sello Casa de las Américas (La Habana, 1986). Para nuestra traducción, utilizamos la edición de Casa Sur (2005), volumen 3 de Obras Completas.

[2] Puede encontrarse diversos testimonios por el veinte aniversario del fallecimiento de Flores Galindo (26 de marzo de 1990), incluyendo mi testimonio y el de Carlos Aguirre, en el post: Alberto Flores Galindo (1949-1990). Homenaje y testimonios

[3] Carlos Aguirre, Cultura política de izquierda y cultura impresa en el Perú contemporáneo (1968-1990): Alberto Flores Galindo y la formación de un intelectual público, Histórica (Lima) vol. 31, n 1 (2007), 171-204. [PDF] Véase además nuestra “Introduction” a In Search of an Inca. [PDF]

[4] Alberto Flores Galindo, La agonía de Mariátegui. La polémica con la Komintern (Lima: Desco, 1980) [PDF]; Alberto Flores Galindo, Aristocracia y plebe. Estructura de clases y sociedad colonial, Lima 1760-1830 (Lima: Mosca Azul, 1984).

[5] Néstor García Canclini, Strategies for Entering and Leaving Modernity (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2005, 2d ed.) [PDF]; Angel Rama, The Lettered City (Durham: Duke University Press, 1996).

[6] Quiero agradecer a mi colega Arnold Bauer, quien siempre insistía en que sus alumnos priorizaran sus conocimientos sobre el pasado y presente de América Latina, antes que en las tendencias académicas existentes en inglés. Él les diría: “lean primero lo que se publica en Ciudad de México o Buenos Aires”. Creo que muchos historiadores estarían de acuerdo con este punto de vista, pero enfatizarían los libros en inglés para los exámenes de doctorado, los preparativos para las entrevistas de trabajo y otros ritos de pasaje.

[7] Sería fascinante estudiar cómo las traducciones afectan la demanda por un libro en su lenguaje original. Asumo que esta se incrementa debido a la nueva visibilidad que brinda la traducción. Dicho de otro modo, cuando La ciudad letrada de Rama apareció en inglés, algunos estudiantes lo leyeron en español para algunas clases mientras que los académicos que leyesen en español buscaron el original, incrementando así la demanda.

[8] Por ejemplo, me gustaría ver traducidos: Jorge Basadre, La multitud, la ciudad y el campo en la historia del Perú, 3a. ed. (Lima: Ediciones Treintaitrés & Mosca Azul, 1980); Tulio Halperin Donghi, The Contemporary History of Latin America, traducido por John Chasteen. (Durham: Duke University Press, 1993).

[9] Edith Grossman, Why Translation Matters (New Haven: Yale University Press, 2010), 27-28, 51-52 [PDF]. Grossman explica la importancia de los traductores a la vez que ofrece un espléndido análisis del parroquialismo y la insularidad en el caso norteamericano. La cita de Dubus proviene de Andre Dubus III, “Introduction” a Words Without Borders: The World Through the Eyes of Writers, ed. Samantha Schnee, Alane Salierno Mason, and Dedi Felman, xi-xvi (New York: Anchor, 2007).

[10] Grossman, Why Translation Matters.

[11] El siempre agudo Eric Van Young compartió conmigo su admiración por este libro, pero criticó su irregularidad.

[12] El Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, un impresionante y completo análisis del Perú de finales del siglo XX, puede ser consultado en línea.

[13] Para balances historiográficos, véase: Paulo Drinot, Historiografía, identidad historiográfica y conciencia histórica en el Perú. Hueso Húmero, n. 47 (2004): 3-33. [Scribd]; y mi ensayo, La nueva historia y la historia de siempre: El impacto de las nuevas corrientes historiográficas en el Perú actual. En: Carlos Aguirre y Carmen Mc Evoy, editores, Intelectuales y poder. Ensayos en torno a la república de letras en el Perú e Hispanoamérica (ss. XVI-XX) (Lima: Instituto de Estudios Andinos/Instituto Riva-Agüero, 2008).

* La imagen de la cabecera proviene de La República.


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