Trazando las raíces revolucionarias de América Latina, por Julian Bishop

El 18 de mayo de 1781, las autoridades españolas de Cusco ejecutaron a José Gabriel Condorcanqui Noguera, también conocido como Tupac Amaru, en presencia de miles de espectadores. José Gabriel decía ser el heredero del último emperador inca, Tupac Amaru I (1545-1572) y pedía la abolición de la mita y de otras medidas que oprimían a la población indígena en el entonces virreinato peruano. Al invocar tener sangre inca, Tupac Amaru el apoyo de la población indígena al punto de llegar al nervio central del dominio español. Sin embargo, denominar a esta rebelión un levantamiento indígena sería simplificar dicho fenómeno. Las tropas indígenas pelearon en ambos bandos, y su complejidad queda revelada en el infame sistema de castas coloniales. Además, el conflicto no se produjo entre creyentes y no-creyentes. Cristianos devotos se encontraron en ambos lados de lo que sería una guerra total. De hecho, Tupac Amaru decía actuar en nombre del rey Carlos III, y siempre manifestando una devoción pública hacia la corona y la Iglesia.

La rebelión de Tupac Amaru de Charles F. Walker es una cautivante narración histórica producto de fuentes que van desde documentos legales hasta correspondencia personal. Walker presentó los argumentos iniciales de su libro en un taller en Harvard varios años atrás. Walker dio a entender que no se puede entender la rebelión sin entender al mismo Tupac Amaru y a las personas que se vieron envueltas, desde familiares, socios comerciales, rivales políticos y miembros de la Iglesia, todos ellos parte de un rígido sistema establecido por el virrey Toledo dos siglos atrás. La escena al inicio del libro es un claro indicador de la comprensión del autor de las dinámicas políticas raciales y religiosas de aquel momento. Muestra a Tupac Amaru con Antonio de Arriaga, el corregidor a cargo del repartimiento, departiendo en la casa de Carlos Rodríguez, el cura de Yanaoca y maestro de Tupac Amaru durante su niñez. El rebelde tenía una buena educación, sobre todo en teología, y hablaba el castellano y el quechua de manera fluida. Era precisamente en esta lengua que invocaba su linaje inca y hacía evidente su malestar hacia los oyentes desde las iglesias de ciudades y pueblos. Lo que me sorprendió como estudiante con una educación “occidental” y perspectiva, es que el libro revela cuán poco presente está la rebelión dentro de la historia global. La rebelión cobró 100,000 vidas e influyó en los paisajes políticos de Europa y las Américas. Walker brinda un grado de análisis que refleja esta magnitud.

Pese a que numerosos historiadores han abordado el tema de la rebelión de Tupac Amaru, pocos ofrecen una aproximación clara, balanceada y compleja como Walker; él evita la explicación simplista de mesianismo que presenta a Tupac Amaru como un rey-dios que buscaba guiarlos hacia una nueva era incaica. Esta explicación captura la reverencia apasionada de los indígenas hacia Tupac Amaru, así como la creencia inca en el movimiento cíclico del tiempo, pero pasa por alto muchos detalles del conflicto. Uno de ellos es que las tropas indígenas, tanto quienes pelearon de manera voluntaria como bajo coerción, fueron la mayor parte de las fuerzas en ambos lados; otra es que ambos bandos culparon a los mestizos por los errores. Las dinámicas raciales y sociales se manifestaron de manera fluida a lo largo del conflicto, ajustándose a factores que iban desde socio-económicos a geopolíticos, de lo personal a la propaganda. Chivos expiatorios y genocidio son dos términos que vienen a la mente. Walker aborda la tarea de desatar estos nudos, de manera meticulosa pero apasionante, llevando al lector de personaje en personaje y de lugar en lugar para brindar así el rico e invalorable contexto que define su trabajo.

De manera similar, muchos han visto la rebelión como un intento de alterar el sistema colonial. Walker es cuidadoso de hacer notar que este no es necesariamente el caso. Nuevamente, Tupac Amaru mantuvo su adhesión a la corona y a la Iglesia a lo largo del conflicto mientras buscaba abolir y ajustar aspectos determinados del sistema colonial, como la mita. El fin último de la rebelión, sin embargo, era la creación de una comunidad cristiana y multirracial. Tupac Amaru reconocía la legitimidad de la autoridad española, pero sostenía que las autoridades se encontraban atrapadas en la codicia y la corrupción, en parte por la distancia que los separaba de la Península Ibérica. Pese a que Walker se detiene a explicar las diversas complejidades del conflicto a medida que separarlas, uno debe reconocer los límites de los materiales y de la documentación confiable que ha empleado para escribir este libro.

Uno de los atributos más destacados del libro es su atención a la logística, especialmente la militar. Recuentos detallados de las cadenas de abastecimiento, el movimiento de tropas y su financiamiento brindan pistas en torno a las condiciones materiales de la rebelión. Una de las descripciones más interesantes es la de Micaela Bastidas, la esposa del líder rebelde. Diversos testimonios la describen como alguien más atemorizante y con más autoridad que su esposo. Mientras Tupac Amaru guiaba a sus fuerzas que sumaban cientos de miles, Bastidas permanecía en su hogar y cuartel central de Tungasuca, supervisando el pago, abastecimiento y recolección de inteligencia. El trabajo describe numerosas emboscadas, particularmente la de La Paz, que puso a prueba su pericia y determinación. Me impactó las descripciones de los cuerpos esparcidos por las calles y las escenas de canibalismo.

Asimismo, el trabajo está repleto de historias personales, desde la excomunión contra Tupac Amaru dada por Juan Manuel Moscoso (Obispo del Cusco) hasta historias de amor. Uno de los análisis más interesantes de Walker es la de las divisiones al interior de los grupos. Luego de que los realistas capturaron y ejecutaron a Tupac Amaru, ello dio lugar a algunas de las etapas más brutales de la rebelión. Quienes continuaron con la lucha, Diego Cristóbal, Mariano Tupac Amaru y Andrés Medigure, tenían apenas 26, 18 y 17 años, respectivamente. En varios reportes de las tropas realistas se hace notar los problemas de las tropas con el clima y la topografía extrema. El sufrimiento y la violencia ocasionaron divisiones entre quienes proponían una línea moderada y los de línea más dura en ambos lados del conflicto. Por ejemplo, la lucha entre el visitador José Antonio de Areche, más cercano a la línea dura, y un virrey más moderado como el General del Valle. Pese a que los españoles llegaron a suprimir la rebelión por entonces dirigida por Tupac Katari, Walker señala que los vencedores no llegaron a borrar el recuerdo de Tupac Amaru. Él permanecería como una figura importante hasta el día de hoy. Guerrillas contemporáneas han invocado su nombre, como el MRTA en Perú y los Tupamaros en Uruguay. Incluso el rapero norteamericano Tupac Shakur, recibió su nombre por el líder rebelde.

Tupac Amaru es una figura que se suele pasar por alto. La revolución que dirigió tuvo un costo mayor y abarcó un área más amplia que la guerra de independencia en EEUU. El pillaje y las violaciones no solo fueron un lugar común sino descritas como partes cruciales de los esfuerzos para ganar la guerra. Micaela y Tupac reconocían y lamentaban la carga que sus fuerzas habían depositado en las comunidades locales, pero permanecían convencidos de que actuaban en nombre de dios y del rey Carlos III.

La rebelión de Tupac Amaru de Walker es rico en detalle y vívido en su lenguaje. Hay abundante material que permite trazar paralelos con la región en la actualidad. El reciente proceso de paz en Colombia con las FARC es un buen ejemplo de una guerrilla que utilizó una serie de tácticas similares a las Tupac Amaru y Tupac Katari. Si bien las FARC son responsables por tráfico de droga y violencia, también reclamaban cambios similares a los del movimiento tupacamarista, como la redistribución de tierras. Los realistas de línea dura pedían un castigo severo, como el visitador Areche, mientras líderes más moderados como el Obispo Moscoso solicitaron concesiones y acuerdos de paz. Luego de muchas deliberaciones, se llegaron a firmar acuerdos en ambos casos.

El conocimiento de Walker de la región es impresionante, resultado de una investigación rigurosa. La rebelión tupacamarista, a veces colocada en un lugar marginal, influyó de manera decisiva en el paisaje político de América Latina, y uno no podría hallar mejor guía que Walker.

   

Tracing Latin America’s Revolutionary Roots,” apareció en Revista. Harvard Review of Latin America.

Julian D. Bishop es estudiante de la Universidad de Columbia. Estudia economía, ciencia política, estudios latinoamericanos, y desarrollo sustentable. Asistente de investigación de Global Americans, una organización sin fines de lucro en Nueva York. Bishop está particularmente interesado en energía renovable en América Latina. Puede ser contactado en su email: julian.bishop@columbia.edu


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